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¡Cómo transformar inflación en recesión!

  • hace 6 horas
  • 12 Min. de lectura

Edgar Fernández, Centro de Pensamiento y Teoría Crítica-Praxis



Abril ha iniciado con un duro rifirrafe entre el gobierno y la Junta Directiva del Banco de la República (JD-BR) debido a las diferencias sobre cómo enfrentar una inflación persistente, que promete acentuarse por los inevitables efectos de la guerra contra Irán. En su vieja y muy limitada postura monetarista, la Junta- D-BR reproduce que la inflación se controla contrayendo la oferta monetaria mediante subidas en la tasa de interés, de aquí la fuerte alza de dos puntos porcentuales en este año. Mientras, el gobierno busca esquivar las acusaciones de que las situaciones de déficit fiscal y su necesidad de endeudamiento no son la causa principal de la inflación, enfatizando en las restricciones de oferta y agregando que las subidas de la tasa de interés sólo empujan hacia una recesión, al constreñir la inversión y por tanto la generación de empleo.

Para contextualizar las dificultades que encierra el desacuerdo, aquí revisamos el reciente comportamiento macroeconómico, identificando un escenario de crecimiento débil con inflación moderada, que podría transformarse en una crisis. Tal potencialidad se relaciona con el desgaste de las herramientas de política para regular el ciclo económico que, si bien han permitido sostener el parco crecimiento, ahora se encuentran debilitadas para enfrentar los retos venideros que impone el contexto internacional. En especial se identifican contradicciones internas en la política de altas tasas de interés de la JD-BR, dificultada además por la presión que ejerce la demanda de financiamiento del gobierno sobre el crédito interno.  De esta manera, la crisis social de largo plazo antes que tender a resolverse se complica porque se suma el desencaje y choque entre las mismas instancias del Estado. 


  1. El débil crecimiento


    El capitalismo colombiano presentó un breve periodo de crecimiento moderado, tras la profunda crisis con la que se inició el siglo, manifiesto en una tasa de crecimiento promedio anual del PIB de 4.6% entre 2006 y 2015[1]. El alto precio internacional de los productos primarios (minerales y agrarios), combinado con una contracción en los salarios, permitió el corto ciclo de recuperación, comportamiento muy similar al de otros países de Sudamérica. Sin embargo, las recuperaciones de las ganancias no se tradujeron en cambios significativos, de ahí que la estructura productiva tendió a permanecer en la dependencia primario exportadora, acompañada de un sector manufacturero con mayores rezagos respecto del contexto internacional.





    Frente a la contracción de los precios internacionales el crecimiento económico del país volvió a exhibir las tasas bajas que lo caracterizan, con un promedio anual de sólo 2,5% entre 2016 y 2025. Esa dinámica la describe la gráfica No 1, donde el PIB y sobre todo la inversión agregada (Formación Bruta de Capital) presentan nuevamente tendencias a descender, como lo enfatiza la línea polinómica del crecimiento. Ese movimiento resultó quebrado temporalmente por el periodo de la pandemia y el posterior rebrote, contexto que marca las dificultades del ajuste coyuntural a considerar.


  2. Contexto de la coyuntura inflacionaria


    Tras la brusca contracción de 2021, tanto la inversión agregada (FBK) y el consumo interno presentaron un salto en sus tasas de crecimiento (Graf 2), como resultado del puro rebrote. Curiosamente el mayor aporte provino de la inversión agregada, cuya dinámica parecía quebrar la tendencia de largo plazo a descender, en tanto su tasa de crecimiento trimestral promedio entre 2021 y 2022 fue del 14%, superior a la del consumo de 11,7%, en el mismo periodo. La explicación reside en el salto que presentó el Excedente Bruto a la Explotación (EBE)[1], en especial en 2022, asociado al alto precio del petróleo que rondó los 100 dólares por el inicio de la guerra en Ucrania; un nuevo descenso en la masa salarial, agudizado por el traslado de la inflación a los precios finales; y por el rezago de los beneficios tributarios que estableció Duque en medio de la pandemia.


Pero, lo más significativo en ese salto del EBE fue el efecto de redistribución del ingreso en favor de las ganancias del capital financiero, debido a la abrupta alza de la tasa de interés del 2% al 13% (Graf. 5a). La JD-BR justificó la medida por la urgencia de controlar la inflación, ante el incremento de su velocidad desde 2021, debido al choque de oferta mundial y los subsidios al consumo familiar aplicados por todos los gobiernos del mundo en ese periodo. Esa tendencia se intensificó en 2022 cuando la inflación fue del 13.1%, resultado asociado al alza de los precios del petróleo y los abonos, como consecuencia de la guerra en Ucrania.

La dura medida de la JD-BR no resultó muy efectiva en cuanto las causas de la inflación en gran medida se asociaban al choque de oferta mundial e interna, con lo cual la inflación anual en 2023 aún fue del 9,28%, manteniéndose persistente sobre niveles del 5% en los dos años siguientes. No obstante, el abrupto salto de la tasa de interés contrajo temporalmente la inversión en 2023, la que empezó a recuperarse a fines del mismo años, a pesar de las altas tasas, seguramente ante las necesidades imperantes de mantener la producción, tendencia que fue más clara a medida que descendía la tasa de interés a inicios de 2024 (Graf 2). La inversión volvió a ceder terreno entre fines de 2024 y 2025, en parte porque el nivel de tasa de interés permaneció alto (9,25% en promedio), y seguramente porque la tasa de ganancia volvió a contraerse (Graf 7b), ello, en un contexto de escándalo político permanente, marcado por el propósito de cercar e inmovilizar al actual gobierno.


La política de altas tasas de interés aplicada por la JD-BR generó otro impacto importante, poco comentado. El de sostener e impulsar el estímulo a la entrada de capital de corto plazo, y al envío de remesas, debido al diferencial creado entre la tasa interna y la tasa externa de interés de referencia. Tal diferencia permite lo que en los mercados internacionales de dinero se denomina el carry trade, consistente en endeudarse en una moneda externa con bajas tasas de interés (EEUU) y llevarla a ganar intereses en otro país, donde la tasa de interés es más alta (Colombia), diferencia a la que se deben restar los costos de movimiento de dinero y riesgos como la devaluación súbita.

La gráfica 3 muestra cómo se ha elevado ese incentivo desde 2021, estimulando la tendencia histórica inmediata, donde el total de remesas superó la Inversión Externa Directa en 2025[1], política que a su vez ha posibilitado una revaluación sistemática del peso colombiano desde fines de 2022, reforzando el diferencial, al reducir los costos de riesgo ante eventuales devaluaciones.



En resumen, una política de altas tasas internas de interés respecto del mercado de capitales externo, acompañada de una dinámica de revaluación, se traduce en un incentivo para el arribo de capitales, en especial de corto plazo. Y tal política tiene impactos importantes en un país cuyo ingreso nacional depende de las exportaciones de productos primarios (café, petróleo, carbón) y de ingresos del narcotráfico. A tal componente se le suma el envió de ingresos de los más de 5,5 millones de nacionales que laboran en el extranjero, centrados en EEUU y España. Así, la suma total del ingreso externo tiene una base rentista, en tanto las exportaciones están afincadas en la explotación de potencias naturales y en las diferencias con precios internacionales; sumándose ahora los ingresos por trabajo realizado en el exterior, que, si bien en su origen no son una renta, al ser enviados al exterior sí que toman esa forma.


Para tener una referencia del impacto sólo de las remesas, tengamos en cuenta que la masa salarial del 2025 fue de 638 billones de pesos, y que los 13.098 millones de dólares de remesas, a una tasa promedio del año de $4.050, dan una cifra de 53 billones de pesos. Así, su entrada equivale a un 8,3% de los ingresos salariales, representando entre 2,8% a 3% de todo el PIB. Con esto, el efecto general de la masa de ingresos externos implica que su monetización en pesos presiona la demanda interna, sin que del lado de la producción exista una contrapartida necesaria, especialmente frente a rentas netas como narcotráfico, remesas, y movimiento de capital a corto plazo. Un ejemplo del tal efecto se puede ver en el mercado de vivienda (refugio de inversión de los ahorros en las familias de ingresos medios), que sufre una contracción en la producción, pero la demanda se ha reactivado, tal como lo revela el índice de vivienda usada, al elevarse desde inicios de 2022 tras casi una década de estar descendiendo.


Esa entrada de recursos provenientes del extranjero, vista sólo desde el lado monetario, incrementa las reservas nacionales en divisas, las que deben convertirse en pesos para circular en la economía interna y por eso necesariamente incrementan la Base Monetaria. Es así que la Base Monetaria ha estado creciendo muy por encima del M3, medida que considera la expansión de recursos monetarios provenientes del crédito (Graf 4). Por su parte el crédito, sensible a los niveles de la tasa de interés, se ha mantenido bajo control (Graf 5).




En ese sentido, la política monetarista de la JD-BR de mantener altas las tasas de interés para controlar la inflación resulta contradictoria. Porque si bien parece algo efectiva para comprimir el crédito interno, (en especial el comercial e hipotecario), a su vez potencia el incremento de la oferta monetaria sobre la cual opera la generación de dinero crédito. Es decir, lo que gana con las manos, lo pierde con los codos, en tanto las altas tasas de interés estimulan la entrada de recursos, que al monetizarse presionan la demanda interna sin que del lado de la producción existan las condiciones necesarias para corresponderle. Se genera así un mecanismo que puede estar presionando la persistencia de la inflación, y frente al cual el Banco de la República poco puede hacer, en tanto su religión es la de libre comercio y cambio. De este modo, el problema inflacionario no puede reducirse a un choque de demanda como lo interpreta el gobierno, o a un asunto monetario como afirma la JD-BR, y más bien se relaciona con contradicciones propias de la débil estructura productiva y la manera en que se viene desenvolviendo el actual ciclo de acumulación. 


 3. Las imposibilidades de la regulación


Bajo la ideología monetarista la posibilidad de controlar la inflación por la vía de la restricción monetaria requiere, cuando menos, una coordinación con el gobierno nacional para contener su gasto público y su demanda por deuda. Contrario a ello, existe un choque permanente, que hace parte del escenario bajo el cual las otras instituciones del Estado burgués –entre ellas la JD-BR-  se han alineado para cercar y limitar la acción de un gobierno que consideran peligroso en tanto intenta, sin mucho éxito, reformas básicas tendientes a redistribuir el ingreso. 

Por su parte, en su “keynesiano” juicio, el ejecutivo considera que la ampliación del gasto público tiene efectos positivos en la redistribución del ingreso que impactan efectivamente en la demanda, el crecimiento y el empleo, política que en parte ha permitido sostener el débil crecimiento y la estadística de empleo, tras las crisis de la pandemia.



Así, tras la leve reducción del déficit fiscal en 2022 y 2023 (de -7,8% en 2020 a -5,3% y -4,3% del PIB), se regresó a los altos niveles, con -6,7% y -6,4% entre 2024 y 2025. En ese resultado pesan los pocos recursos de los programas sociales, los costos los del déficit del fondo de los combustibles de años anteriores, y especialmente las altas partidas del pago de intereses por servicio de la deuda, que puede abarcar hasta el 22% del presupuesto anual, que en más de 60% son un cheque a los bolsillos del capital financiero colombiano, beneficiado con la prima creada por las altas tasas de interés que impone la JD-BR.

La grieta que separa al gobierno nacional del resto de instituciones del Estado, debido al propósito de cercarlo y limitarlo, trae serias consecuencias. Una es el freno sistemático a las propuestas de reforma tributaria en el Congreso, política que necesariamente se traduce en que el ejecutivo pase a buscar recursos de crédito en el mercado interno. Tal demanda ha limitado la caída de las tasas de interés, en tanto la baja de confianza en el gobierno se manifiesta en la imposición de tasas de interés más altas por parte de los banqueros. Esa situación la refleja el gráfico 5, donde el mercado de TES ha soportado un alza desde inicios de 2024, tirando de las orejas al conjunto de las tasas internas de interés. Es así que la negación del Congreso y la deuda del gobierno se traducen en estímulos a mantener altos sus niveles, alimentando a su vez el diferencial externo, que como se ha dicho colabora en la persistencia de la inflación, y en su reproducción como círculo vicioso.

A esta situación de desencaje institucional del Estado, con un choque agravado en el marco de la lucha electoral por la presidencia, se suma el contexto internacional. Como se sabe, la guerra contra Irán ha provocado el rebote de los precios del petróleo por encima de los 110 dólares, y existen afectaciones al comercio de abonos, en un escenario más complicado que el de 2022, con la guerra en Ucrania, en tanto la economía de los EEUU es ahora más sensible a picos de inflación y alzas en las tasas de interés debido a sus altos niveles de deuda. A ello se suman las previsiones de un periodo de sequía en el segundo trimestre del año, que de sucederse podría afectar el precio de los alimentos y materias primas básicas. Frente a tal escenario, la fracción monetarista de la JD-BR nuevamente está pisando el freno del crédito, mediante nuevos incrementos en la tasa de redescuento, llevándola ahora hasta el 11,25%, tras la subida de dos puntos porcentuales en enero y marzo.

Tales dificultades se presentan en un contexto donde el crecimiento del PIB presenta tasas flojas, debido a que la inversión ha tendido a contraerse, como antes se comentó. Al respecto, la leve recuperación de la inversión en 2022 y 2023 fue causada por una situación excepcional de crecimiento en la tasa de ganancia, que permitió aumentar su componente de maquinaria y equipo hasta el 53% del total en 2022, cuando en 2019 apenas explicaba el 38%. Sin embargo, en 2024 las estadísticas permiten identificar un giro en la tasa de ganancia en dirección a su senda de mediano plazo,  dominado por bajas tasas de rentabilidad neta (Graf 7b)[1]. En tal contexto, una intensificación en la subida de la tasa de interés podría contraer aún más la inversión y pichar las débiles bases del crecimiento.


Bajo tales circunstancias, las herramientas básicas de políticas regulatorias del ciclo económico se muestran débiles tanto por el choque entre las instituciones estatales como por su uso intensivo, y en consecuencia su desgaste. Por ejemplo, es probable que el Congreso vuelva a negar la propuesta de reforma tributaria que presentará el gobierno en el próximo julio. A eso se agrega que el gobierno ya no cuenta con mucho espacio para incrementar el gasto público y sostener artificialmente la producción. Por el contrario, el nivel de la deuda y su servicio permanece muy alto, de allí que la dirigencia de la burguesía –organizada en sus gremios- le este urgiendo para aplicar reducciones. Este cuadro se completa con las limitaciones y contradicciones que ahora enfrenta la JD-BR para persistir en su política de altas tasas de interés, en particular porque el choque con el gobierno nacional ha llegado al punto en que el Ministro de Hacienda se ha“retirado” de su Junta Directiva, la cual preside[2].

En resumen, se trata de una situación que acarrea retos y riesgos, frente a los cuales las instancias estatales cuentan con herramientas desgastadas, limitadas y contradictorias en su esencial propósito de sacarle las castañas del fuego al capital. Y en ello no se puede olvidar que a fin de cuentas el actual gobierno surgió como un intento de solucionar por la vía institucional la profunda crisis que vive el país, cuyo punto álgido fueron las protestas de 2021, pudiéndose valorar ahora que tal perspectiva, en la práctica, no condujo a una salida. Por el contrario, la crisis fue interiorizada dentro de las instituciones del Estado y su propia fuerza las desencajó, acarreando como consecuencia coyuntural que la burguesía no cuente ahora con la potencia reguladora que presuponen la combinación del conjunto de políticas tributarias, de gasto, monetarias y cambiarias. 

Así, el problema de fondo es que las contradicciones propias del capitalismo van tornándose más difíciles de regular, de aquí que tanto los diagnósticos y políticas que aplican las instancias estatales antes que traer soluciones tienden a intensificarlas, tal como sucede con los niveles de tasa de interés, inflación y entrada de remesas. Con lo cual, el escenario es el de una burguesía que en realidad apenas puede capotear coyunturalmente las debilidades que provienen de una estructura productiva cada vez más débil, cada vez más dependiente de las exportaciones primarias y de los ingresos externos, y que se traduce en alta volatilidad, magro crecimiento, alto desempleo e informalidad, incrementando, en consecuencia, los costos sociales y de vida que sistemáticamente caen sobre las familias proletarias.




Bibliografía


  • [1] Los datos son los publicados por el Banco de la República en su Boletín de Indicadores Económicos de marzo de 2026. Así como tomados de las páginas del DANE en sus Cuentas Nacionales.


  • [2] Distribuyendo salarios, impuestos y Excedente Bruto de explotación e ingreso mixto como un 100% del ingreso, la participación de esa tercera partida pasó del 51,4% del total en 2020 a 56% en 2022, de acuerdo a las cuentas nacionales del DANE según enfoque del ingreso, y sólo tendió a ajustarse en 2024.


  • [3] En forma simple el diferencial a corto plazo se mide como tasa del BR menos tasa de la FED; el de largo plazo TES a diez años menos bonos del tesoro de EEUU a diez años. No se considera el efecto de riesgo.


  • [4] La tasa de ganancia se estima a la Marx: masa de plusvalía sobre capital total adelantado. En este caso: EBE e ingreso mixto menos salarios sobre stock de capital + masa salarial para un trimestre. La tasa de ganancia media neta el numerador es: EBE – masa salarial – impuestos netos. Los datos son los del DANE cuentas nacionales, PIB enfoque de los ingresos, series actualizadas 16 feb/2026. Para el stock de capital: anexo a la PTF del stock actualizada a 31 de marzo de 2026.


  • [5] Es importante tener en cuenta que el actual gobierno nombró a cuatro de sus siete miembros, entre ellos a Olga Lucia Acosta, propuesta por el ex ministro de hacienda J.A. Ocampo, directiva que mantiene ahora una postura en respaldo a la corriente monetarista.



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