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Sistema de atención y cuidado a la niñez: una inversión que no alcanza

  • hace 13 minutos
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Revista Proletaria N.17

Centro de pensamiento y teoría critica Praxis



Las políticas en materia de atención y cuidado a la niñez han pasado de la denominación de protección y bienestar en los años sesenta, a los de Atención Integral a inicios del siglo XX, y más recientemente de cuidado. Pese a los cambios conceptuales consignados en los documentos de política pública, persisten factores como el hambre, el bajo rendimiento escolar y la violencia hacia la niñez, que dan cuenta de las condiciones de vida de los hogares de la clase trabajadora, es decir, de la unidad fundamental en la reproducción de la fuerza de trabajo.


La familia, así como el cuidado y las relaciones de género son determinadas por las relaciones del capital en tanto modo de producción imperante, y desde finales del siglo XX se reconfigura con la incorporación de las mujeres en el mercado laboral orientado a la flexibilización e informalidad que permiten abaratar costos en la producción. A su vez, el debilitamiento de la estructura productiva del país hacia finales del siglo XX tendió a desmontar el sistema de protección y bienestar, dando mayor ventaja a la empresa capitalista para entrar en el mercado de la oferta de servicios como la salud y la educación, y dejando a su suerte a la familia obrera para acceder a dichos servicios. Así, el cuidado a la niñez se reduce a las posibilidades individuales que tiene cada familia para comprar bienes y servicios como la alimentación, la salud, el cuidado y la educación. La política de protección social en Colombia ha desarrollado una especie de sistema dual y asimétrico de atención y protección a la niñez como lo reconoce la Misión de Empleo 2020 – 2021; por un lado, contributiva para los trabajadores formales con ciertos beneficios, pero en todo caso no suficientes, por lo que la calidad de los servicios “dependen del bolsillo”.

Por otro lado, subsidiada o no contributiva para los trabajadores informales que en su mayoría son familias en condiciones de pobreza, para quienes tampoco la cobertura es suficiente (CEPAL, 2025).

Tanto para familias informales como formales, en todo caso trabajadoras, su común denominador es que carecen de tiempo, recursos, cualificación y atención; razón por la cual muchos niños y niñas quedan bajo el hechizo del entretenimiento a través de las redes sociales, y no cuentan con los espacios necesarios de desarrollo socio-cognitivo tan esenciales en los primeros años de vida, generando rezagos o dificultades en sus procesos educativos y de crecimiento. Es éste un problema fundamental no solo para las familias con hijos, sino para una sociedad que requiera un desarrollo soberano y productivo.



Condiciones de los hogares con niños y niñas


El modo de producción capitalista se sustenta en el usufructo del tiempo y fuerza de trabajo del obrero, y logra además que sea éste quien deba procurarse los medios de subsistencia, consumiendo los bienes y servicios que ha producido de manera enajenada. Bajo esta lógica, tener hijos en la actual sociedad colombiana se ha convertido para la mayoría de familias en una faena diaria. Además, quienes se encargan de la reproducción de la fuerza de trabajo tienden a ser los hogares sometidos a vivir en precarias condiciones de vida, como lo evidencian las estadísticas nacionales que a continuación revisaremos.


Para el año 2024 con la base de datos “Pobreza Monetaria y Desigualdad” de la GEIH del DANE pudimos establecer por factor de expansión 17.584.497 hogares en el país, de los cuales el 34.59% tienen hijos menores de 12 años, es decir aproximadamente 6.082.484 de hogares. Los hogares en que concentramos este estudio1 tienden a mayores condiciones de pobreza. En el año 2024 mientras en promedio los hogares tenían ingresos mensuales per cápita de $1.104.411, los hogares con hijos menores de 12 años su promedio se calcula en $729.727; pero el 50% de estos hogares (mediana) tuvieron ingresos mensuales percápita por el valor de $492.222 (cercano a la línea de pobreza), lo que expresa una alta desigualdad.


Por rangos se observa que más del 45% de la población tiene ingresos muy bajos y bajos (tabla 1); esto coincide con el cálculo de hogares en pobreza que representan el 46.25% y el 16.63% en indigencia.

Tabla 1. Cálculo número de hogares por rango de ingreso - Fuentes: Elaboración propia a partir de la base de datos "Pobreza Monetaria y Desigualdad" de la GEIH 2024 del DANE
Tabla 1. Cálculo número de hogares por rango de ingreso - Fuentes: Elaboración propia a partir de la base de datos "Pobreza Monetaria y Desigualdad" de la GEIH 2024 del DANE

En cuanto a nivel educativo, los jefes de hogar con hijos menores de 12 años tienen en su mayoría educación media (34.17%) y básica primaria (20.79%); en este nivel de primaria se concentran los hogares con ingresos más bajos. Por tamaño de hogar, los hogares con hijos menores de 12 años son hogares más extensos, en donde el 31.34% son hogares de 4 personas y el 27.54% entre 6 y 478 personas. Ahora bien, si correlacionamos el tamaño de los hogares con los ingresos, se observa que los hogares grandes son en donde hay mayor proporción de ingresos muy bajos, y los hogares pequeños y medianos (3 y 4 personas) tienen ingresos medios. Los hogares que analizamos tienden a una predominancia de jefatura femenina (46.29% jefes hombres y 53.71% jefes mujeres), y la edad en promedio es de 42 años.


La mayor parte de los hogares viven en arriendo (47.84%), especialmente en los rangos con jefaturas más jóvenes; los hogares en vivienda propia totalmente pagada (21.52%) se concentran en los rangos de mayor edad y un 19.16% de los hogares vive en usufructo; lo que da cuenta que las políticas para vivienda propia no han llegado a buena parte de estas familias trabajadoras en el país, teniendo que reducir gastos en educación y cultura para pagar arriendo o las cuotas hipotecarias 2.


Analizando por empleo, las y los jefes de hogar son en su mayoría “cuenta propia”, que representa el 32.72%; además el 29.45% no trabaja y el 29.14% son obreros o empleados de empresa particular; en porcentaje, las mujeres se encuentran principalmente en las actividades de oficios de hogar o empleo doméstico. Si analizamos por la variable que indica si el o la jefe de hogar cotiza a pensión, el 58.31% de las personas que están trabajando no está cotizando en pensiones, y de las que cotizan solo el 37% son mujeres.


De las y los jefes de hogar que están trabajando, se observa un promedio de 32 horas semanales de trabajo; sin embargo, existe un 16.01% de trabajadores que se ocupan más de 48 horas a la semana siendo en su mayoría los “cuenta propia”.


En síntesis, tenemos que los hogares con hijos menores de 12 años perciben menores ingresos, en su mayoría sus jefes de hogar tienen baja escolaridad (primaria y media), trabajan en condiciones de informalidad que se corresponden con los bajos ingresos y no acceden a derechos laborales para disfrutar con su familia dadas las condiciones de informalidad laboral. También encontramos como elementos centrales la tendencia a jefaturas femeninas, quienes deben maniobrar diariamente entre el estar pendientes de sus hijos y llevar un pan al hogar, y en su mayoría no tienen derecho a una pensión.


La profunda brecha de desigualdad hacia los hogares con hijos, da cuenta de cómo se ha depreciado el valor de la fuerza de trabajo, en donde se incrementa el gasto en dinero para el consumo familiar, y a su vez madres y padres tienen menos tiempo y reducidos ingresos para el cuidado, el juego familiar, el ocio y la cultura a la par de la carencia de un sistema de protección y bienestar familiar público y universal; factores que afectan el bienestar y aprendizaje de los niños y niñas.


De cero a siempre el déficit se mantiene


Tardíamente, hacia 2006 en el país se empieza a generar el andamiaje administrativo público para abordar la política pública de niñez y adolescencia y posteriormente de primera infancia. Entre tanto, persisten e incluso han aumentado tras la pandemia, crisis migratoria y cambios abruptos de temperatura, los problemas que afectan el crecimiento y aprendizaje de niños y niñas. Estos problemas se asocian fundamentalmente a deficientes condiciones de alimentación y entornos de violencia en los hogares. Varios estudios académicos han encontrado que los determinantes principales de las enfermedades que suelen afectar la niñez son el bajo nivel educativo de la madre y las condiciones de pobreza de los hogares en que viven estos niños (Pungo, Burbano, Medina, Millán, & Girón, 2021).


Según las proyecciones del DANE para el año 2024 se calculan alrededor de 9.335.523 niños y niñas menores de 12 años, distribuidos de la siguiente manera:

Fuente: Elaboración propia con Proyecciones del DANE
Fuente: Elaboración propia con Proyecciones del DANE


La mayor parte de la población menor de 12 años están afiliados al régimen subsidiado (63.28%), cifra que se puede asimilar con el porcentaje de hogares con madres/ padres en la informalidad laboral. Aunque dentro del sistema de salud básico se incorporan los controles de crecimiento y desarrollo para los niños menores de 5 años y programas para las gestantes, estos son precarios e insuficientes. En relación, diferentes estudios han encontrado barreras en el acceso a dichos controles, relacionadas con el trabajo de las madres, las distancias del hogar al centro de salud y las deficiencias de personal idóneo, infraestructura para ayudas diagnósticas y los trámites de las aseguradoras.


Los niños y niñas en su mayoría asisten a una institución educativa (incluyendo jardín u hogar comunitario); de los cuales el 81.13% van a instituciones públicas. Sin embargo, encontramos población entre los 6 y 11 años de edad (2.79%) especialmente de zonas rurales que no están en establecimientos educativos. Si nos concentramos en el caso de la primera infancia, el 45.16% de los niños y niñas no asisten a institución educativa o de cuidado y generalmente permanecen con sus padres o vecinos, siendo esta última una forma recurrente para los hogares con madres trabajadoras informales quienes no pueden cumplir con los horarios y requisitos de los hogares infantiles institucionales.


Según el CONPES 4143 la tasa de cobertura neta de primaria para el año 2024 era de 85.61%. Señala además que en la medida en que los niños y niñas van creciendo aumenta la proporción de niños que quedan rezagados del acceso a la educación o van quedando en edad extraescolar. Además, en promedio los niños y niñas que saben leer y escribir están en la edad de 9 años; solo el 4.42% entre 3 y 5 años ya desarrollan estas competencias.



Aunque los informes institucionales plantean que el país ha avanzado en cobertura, pasando en 2017 de atender a través del ICBF en educación inicial a cerca de 1.200.000 niños y niñas a 2.000.000 aproximadamente en el año 2024; el Conpes 4143 reconoce el déficit en la garantía del derecho a la educación inicial, en donde la cobertura en servicios de cuidado, atención integral y educación en la primera infancia es del 48.8%.


Por más que se incrementa el presupuesto para la atención y cuidado de la niñez es insuficiente

El gasto social del Presupuesto General de la Nación -PGN- ha aumentado, especialmente en salud y educación que son centrales en la atención y cuidado de la niñez. La CEPAL reconoce que en las últimas 2 décadas, los países de América Latina y el Caribe han expandido sus sistemas de protección social no contributivo tanto en cobertura como en gasto del PIB (CEPAL, 2025); y sin embargo aún no son suficientes, por tanto se requiere incrementar los niveles de inversión social con cobertura, suficiencia y sostenibilidad financiera.


El CONPES 4143 establece el fortalecimiento de la capacidad estatal con la ampliación y mejoramiento de la atención en educación y salud, transferencias monetarias para hogares en pobreza extrema y fortalecimiento de la asociatividad para el cuidado. Este objetivo tiene el 77.31% del presupuesto indicativo calculado, entre el Ministerio de Igualdad, ICBF y Prosperidad Social, del cual el 76% se asigna al DPS, por tanto buena parte de la política se concentra en transferencias monetarias.



En la última década los recursos del PGN para el ICBF han sido en promedio del 2.36% (Tabla 2), de los cuales el 60% se ejecuta en atención integral a la primera infancia, que consiste principalmente en los servicios de centros de desarrollo infantil -CDI-, hogares infantiles y en establecimientos de reclusión, y que se centra en zonas urbanas y cabeceras municipales, y los programas de atención familiar y comunitaria en donde están los FAMI, los hogares y los jardines comunitarios. Se calcula así un gasto en atención integral por niño en primera infancia de $3.237.945 para el año 2025.


A partir de la información publicada por el Ministerio de Educación y el Ministerio de Hacienda se puede establecer que en educación inicial, preescolar, básica y media para el año 2025 la inversión pública por niño fue de $9.026.415, dicho gasto equivale al 12.67% del Presupuesto General de la Nación cuyo valor fue de 523 billones en el año 2025



De manera que la inversión por niño en programas de atención integral y educación pública para el año 2025 estuvo alrededor de los $12.264.360, sin calcular las transferencias monetarias que van dirigidas a hogares en pobreza extrema en donde están buena parte de la niñez.



El LEE hace un costeo de los programas de Atención Integral a la niñez y adolescencia (Laboratorio de Economía de la Educación, 2023), en donde estima que faltaría el 68% de los recursos necesarios para la atención integral en educación y salud que permitan aumentar cobertura y entrega de comida caliente en colegios oficiales, aumentar cobertura de jornada única, transporte escolar, cualificación de docentes, 51fomento de habilidades socioemocionales y bilingüismo en relación a la educación. Y en relación a la salud: afiliación y atención universal y atención especial a casos de desnutrición; aumento de cobertura en programas de prevención y atención a la violencia intrafamiliar y de género, prevención de embarazo temprano, promoción de salud sexual y reproductiva; atención en salud mental escolar; además del aumento de transferencias monetarias a familias condicionadas a salud y educación. Por tanto, se requiere una inversión por niño, niña, adolescente de $40.625.000 (pesos corrientes año 2025). Pero además, si se tienen en cuenta programas relacionados con identidad y participación ciudadana, expresión y exploración de talentos y afectividad, faltaría el 64% de la inversión adicional, según lo calculado por el LEE.



En conclusión, si desde el año 2000 se ha venido incrementando el gasto en salud y educación, y si la protección social no contributiva sigue al aumento dados los índices de informalidad laboral en el país, es inviable un sistema de atención integral y cuidado que otorgue las condiciones necesarias para que todos los y las niñas en el país puedan crecer en entornos que estimulen la creatividad y el aprendizaje, como elemento clave para generar productividad, espíritu científico y crítico en la construcción de una nueva sociedad. Los primeros años de vida son fundamentales en el desarrollo cognitivo y emocional del ser humano; sin embargo, las familias trabajadoras se ven limitadas para lograr que sus hijos tengan acceso a condiciones de salud óptimas para dicho desarrollo, así como de espacios y entornos seguros para el cuidado y que favorezcan el aprendizaje.


Hablar del sistema de cuidado de la niñez requiere abordar las condiciones de los hogares y familias, y especialmente de las condiciones de las mujeres quienes asumen tareas centrales en la labor de la reproducción de la fuerza de trabajo; mujeres que además se han insertado al mercado laboral colombiano marcado por las condiciones flexibles y la informalidad que no les permite el tiempo necesario para la crianza ni tampoco los ingreso-s suficientes para tener mejores condiciones de vida como la vivienda.


El hambre, la violencia y el rezago académico siguen siendo fenómenos que afectan buena parte de la niñez colombiana, mientras las políticas públicas en esta materia prolongan el esquema de las transferencias monetarias, profundizando un modelo individualista de responsabilidad a cada familia para “sacar sus hijos adelante” y además insuficiente respecto a lo que cuesta la crianza. Se requiere un sistema de cuidado, protección y educación que tomen en serio la tarea de la reproducción de la fuerza de trabajo, que en el futuro tenga la capacidad de orientar un país soberano y productivo con los desafíos del desarrollo tecnológico.




Bibliografía:


1. Dado que nos interesa conocer las condiciones los hogares pertenecientes a la clase trabajadora, en el análisis descriptivo excluimos los hogares cuyo jefe de hogar es patrón o empleador, que son cerca del 2%; e inferimos a partir de las observaciones del o la jefe de hogar.


2. En el análisis estadístico se encontró que solo el 3.58% de las familias tienen hipoteca.

 
 
 

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