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Una economía estúpida, o, del: ¡plata hay, pero no proyectos dónde invertir!

hace 2 minutos
8 min de lectura

Edgar Fernández

Centro de Investigación y Pensamiento Crítico-PRAXIS



A inicios de este mes el gobierno anunció que realizaría el milagro de derogar el decreto por el cual debían repatriar hasta el 30% de los recursos que las administradoras privadas de pensiones-AFP tienen en el extranjero. Lo que se sabe, por lo pronto, es que se trataría de un borrador de decreto, con lo cual el impacto concreto de la medida está pendiente. Pero el gobierno también anunció que buscará recursos en el mercado externo para cubrir el déficit fiscal, esto justo en un momento donde las tasas de interés internacionales están al alza, ¡una milagrosa decisión!


Con el fin de acercarnos a las “paradojas” que contienen las grandes sumas de capital que se mueven en el país entre empresas privadas, gobierno y mercado externo, vale la pena una revisada –aun que sea de paso- a las macro cuentas del crédito y la inversión.


Empecemos por el comportamiento de la inversión agregada –Formación Bruta de Capital- de la cual depende la expansión potencial del exangüe capitalismo doméstico. Tras el periodo de fuerte crecimiento entre 2003-2014 -asociado a los altos precios de las materias primas en el mercado mundial- la inversión perdió su dinamismo, en la misma medida que el ciclo perdía fuerza. Esa contracción se profundizó tras la pandemia, cuando el Banco de la República -en su “gran sabiduría monetarista”- decidió que para atajar la inflación incrementaría las tasas internas de interés, duplicándolas desde entonces, al pasar del cerca del 6% al 12%.




Es decir, la abrupta alza de la tasa interna de interés ayudó a comprimir la inversión agregada, al incrementar el costo de contratar deuda para invertir, incentivando que el capital tienda a moverse en forma preferente en el mercado de dinero a crédito, acentuándose la relación inversa entre inversión real y tasa de interés en el marco del cíclico (ver gráficas).


Bueno, en la práctica lo que pretende hacer el Banco de la República es adaptar la tasa de interés al mercado de crédito, el que desde el lado de la demanda viene sufriendo mayor presión por el sistemático y creciente déficit fiscal del gobierno nacional. Esto se expresa en que el gobierno sale a demandar recursos de préstamo a tasas incluso superiores a la de intermediación que fija el Banco de la República, con lo cual crea fundamentos para que las tasas de interés del mercado tiendan a subir más, tal como sucede desde mediados del año anterior. Y lo previsible es que esa presió no bajará, en la medida que para el año próximo el gobierno deberá salir a demandar unos 118 billones de pesos para financiar su déficit[1].


Ante tal panorama, y en su gran sabiduría, el gobierno ha querido esquivar esos efectos sobre la tasa interna de interés, y por tanto anunció que los recursos nuevos para cubrir el déficit fiscal los buscará en el exterior. Sin embargo, sucede que la semana pasada la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), volvió a elevar la tasa de interés, llevándola al rango del 4%, esperándose nuevas alzas. Tal escenario ya venía siendo previsualizado por el capital a préstamo y en consecuencia la tasa de interés de los bonos de deuda -a diez años- del gobierno de ese país se ha elevado al máximo del 5,1%, nivel que no se veía desde 2007, punto anterior a la gran crisis de 2008[2].


En consecuencia, la decisión del gobierno no logra evadir los problemas que acarrea su necesidad de financiamiento, solo desplaza el lugar de los efectos, porque un mayor endeudamiento externo ahora viene asociado a dos sobrecostos adicionales: i) el alza de las tasas internacionales de interés, a lo que se suma las sobretasas (spread) por el riesgo asociado a la deuda del país, y; ii) al potencial encarecimiento del monto total de la deuda si el peso se empieza a devaluar teniéndose en cuenta que la deuda del gobierno colombiano se nomina en pesos (en esta semana pasó de 3.040 a 3.300 pesos por dólar); y esa perspectiva de que el peso se devalué se asocia a la posibilidad de una salida de capital ante las alzas en las tasas de interés externas.


Todo lo anterior invita a mirar la evolución de los grandes componentes del crédito de inversión, desde las fuentes de la oferta, que de acuerdo al orden funcional del Banco de la República son cinco: i) inversores institucionales: básicamente los fondos de pensión-AFP; ii) bancos: que mueven los CDTs de largo plazo; iii) Mercado de renta fija: en lo fundamental bonos de deuda del gobierno (TES); iv) recursos de la banca de fomento (Bancoldex, Findeter, Finagro), y; v) Financiamiento externo: esto es inversión extranjera directa.


Al compararse la participación porcentual de cada uno de estos cinco componentes entre el año 2002 y 2026, se encuentra que el principal cambio es el salto en la oferta que realizan los fondos privados de pensión (AFPs), al pasar del 14,7% al 27,2% del total, lo que explica la reducción en las fuentes externas que pasan del 23,5% al 12%). Mientras, los demás renglones permanecen estables: banca participa con cerca del 40% de la oferta; renta fija 13% y crédito de fomento 6%.


Las AFPs como parte de los grandes grupos y bancos privados (Porvernir-Aval; Protección-Sura; Colfondos-Hábitat), administran un fondo pensional que ahora suma unos 500 billones de pesos. De estos, 250 billones se encuentran en el extranjero, razón por la cual el gobierno saliente emitió un tibio decreto (0369 de abril de 2026) pidiendo que 30% de ese monto fuese regresado al país, pero en un periodo de cinco años. Tal medida fue combatida enérgicamente por las AFPs, argumentando que la rentabilidad de los ahorradores se caería y las pensiones serían menores, toda una argucia, porque pensionarse por ese sistema presenta grandes limitaciones tanto en las posibilidades como en las mesadas pensionales. En consecuencia, el actual gobernante les está haciendo el milagro de impedir que los recursos regresen al país, al preparar un decreto en esa dirección, como ya se comentó.


En este punto los hechos y relaciones como que se retuercen. Por un lado, el gobierno dice “mantengan el dinero en el extranjero”; y por el otro, parece decir, “y luego haya nos vemos, para que me presten esa platica: ¡en dólares y a tasa internacionales al alza”.  Tal forma de gobernar puede ser comparable a una familia que guarda su dinero en la casa del vecino, y cuando la necesita le pide que se la preste con los intereses que él juzgue conveniente.


Lo anterior significa que del mercado de dinero-crédito del país se han sacado 250 billones de pesos que debilitan los recursos de la oferta y reposan en el extranjero, esto es más de 75 mil millones de dólares, equivaliendo al 93% de la deuda pública externa. Por lo tanto, surge la pregunta sobre: ¿qué podría pasar si esa masa de recursos fuese traída gradualmente y se destinara a financiar la inversión real y en un menor monto a prestarse para cubrir la deuda del gobierno?


El primer impacto esperable es que la tasa interna de interés debería bajar cuando menos en cuatro puntos porcentuales. Esto apenas asumiendo una relación lineal simple, porque la cartera total es de 750 billones y agregaría a la oferta esos 250 billones, es decir cerca de un tercio. Tal hecho significa que las familias colombianas han sido sometidas en forma artificial a pagar una tasa de interés muchísimo más alta de lo que realmente debería marcar el mercado interno. Y tal medida se toma para favorecer las altas ganancias del capital bancario, las que pasaron de 8,7 a 17,7 billones de entre 2024 y 2025, justo cuando la tasa interna de interés saltó del 9,25 al 13%. 


Por tanto, si la tasa de interés descendiera, podría ser esperable que la inversión real se animara, en la medida que disminuyen sus costos por financiamiento, lo que podría impactar positivamente en el crecimiento y el empleo productivo. Con esos resultados, a la vez se generarían fuentes de mayores de ingresos para el gobierno, instancia que además se favorecería por la reducción del servicio de la deuda ante la baja de la tasa interna de interés. Bueno, esto es cuando menos lo que se repite desde la teoría económica oficial. ¿Entonces, porque no hacerlo?


La respuesta que se ha dado es que supuestamente traer esa masa de capital-dinero al país bajaría la rentabilidad de los ahorros y en consecuencia de las pensiones futuras, y por mandato legal (¡tan obedientes!) las AFPs deben garantizar los mejores resultados a sus ahorradores. Sin embargo, lo que no se dice, o no se quiere dejar ver, es el creciente peligro para los mismos trabajadores que ahorran en ese sistema, porque si la inversión en el país continúa estrechándose, el resultado más seguro es una fuerte reducción de los puestos de trabajo estables y una baja relativa del salario promedio, mecanismo por el cual se medra estructuralmente la sostenibilidad de las fuentes de ahorro.


El otro argumento afirma: “sí, dinero para prestar sí que hay, pues allí están esos 250 billones de pesos, pero lo que no hay en el país son proyectos de inversión que cumplan las exigencias para colocarlos en forma rentable y segura”.


Ante lo cual es inevitable preguntarse, ¿cómo es posible que en un país que necesita reparar, reconvertir y ampliar toda su estructura productiva no existan proyectos en donde invertir en forma adecuada los recursos disponibles? ¿por qué mientras las familias trabajadoras son ahogadas por las altísimas tasas de interés para pagar sus viviendas, los viejos mueren por falta de atención y una gran parte de los jóvenes son empujados a la guerra al no encontrar en que ocuparse, entre tanto la masa de capital que podría abrir salidas reales se esconde en la casa del vecino? 


Entonces, llegados a esta “paradoja”, se pueden explorar tres posibles vías de explicación:


a)       La burguesía colombiana es totalmente inepta para diseñar proyectos productivos que garanticen una rentabilidad normal, por esa razón se especializa en mamar de la teta del gobierno y robar el tesoro público (corrupción), tanto como a especular financieramente.


b)       El país pasa por una situación donde no hay espacio para proyectos que generen una tasa de ganancia normal, significando que hay masas de capital que no se pueden reinvertir en forma plenamente rentable, escenario que correspondería a una crisis a la Marx, siendo notorio que los mismos datos no dan para tanto.

 

c)      El capitalismo colombiano reproduce una economía de la estupidez: ¡los recursos sobran, pero no hay cómo invertir!, según afirman los sabios de las finanzas, a quienes con sus milagros definitivamente apoya el actual gobierno y el Banco de la República.


Por último, tal vez, quedaría la posibilidad de una sumatoria de todas las anteriores. Apuntando a esa dirección tómese como ejemplo que David Vélez, el dueño de Nu-bank, viene ganando terreno con su planteamiento de que se liberen las tasas de interés de usura, medida que sólo ayudaría a empujar aún más al alza las tasas básicas de interés. Tal pretensión revela que en medio de una economía de la estupidez los bribones y picaros prontamente se enriquecen, mientras la gran mayoría del proletariado, sobre todo el sobrante, es sometido a pagar los terribles efectos de esa malsana forma de reproducir la sociedad mediante carestía, desempleo, precariedad, hambre y miseria.


Es así que, ante una situación tan aberrante y como parte del movimiento social hemos levantado nuestra voz y nuestra propuesta alternativa de propugnar por una Economía de Fondos Públicos-EFP, en la cual las masas proletario populares apropien los principales recursos productivos del país, empezando con la nacionalización de los recursos públicos del fondo pensional, a fin de conformar una red nacional de empresas público-sociales que bajo la gestión popular se dirija a enfrentar la producción de vivienda, energía, infraestructura, salud, alimentación, herramientas para el campo, y por ese medio dar rápida solución a los problemas que más agobian a las familias del país, todo ello mediante la generación de puestos de trabajo productivos, bien remunerados y con seguridad social universal.









Bibliografía:




[2]  Sobre este aspecto ver: “nuevos nubarrones sobre la economía de los Estados Unidos”, en este medio.



 
 
 

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